“En realidad me encontré muy sola…” de Anani Moy
Inquieta, es lo que me llaman mis amigas y casi todos que recién me conocen. Siempre ando buscando que hacer. La vida nos ofrece tantas maneras de distracción que al fin no hay por que sentirse sola. Pero la realidad es diferente.
Tuve a mi primer niño a la edad de 32 años, recién me había graduado de la universidad y mis planes eran quedarme en casa con mi bebé por ocho meses mientras esperaba empezar mi maestría. Durante este tiempo mis amistades eran chicas solteras o sin niños. Vivíamos en un barrio donde los perros eran más aparentes que niños.
Ésta etapa se me hizo muy difícil en que aunque por lo superficial aparentía que yo tuviera todo, en realidad me encontré muy sola. No solamente era que mi familia e amistades no estaban cercanas, pero más profundamente tuve que aceptar que ya no podía negar que la depresión me había alcanzado. Estando con las hormonas fueras de balancee como muchas madres cuando recién dan luz, y muy sola realicé que era tiempo de enfrentar lo que toda la vida había negado- la depresión. Eso fue hace siete años y todavía es una lucha constante. Pero Dios me hizo esta manera y ha Él le voy para encontrar refugio y descanso.
Hoy tengo dos niños de siete y tres años. Hay días que me desespero en que llegue mi esposo del trabajo porque el mayor no para de hablarme! Otros días no llego a cocinar o lavar la ropa y con las Justas bañarme! Y si no fuera que tengo que levantarme a llevar al mayor al colegio, no sé si me levantaría de la cama. Son éstas situaciones que me han hecho aprender ha hablarle al Señor antes de habrir los ojos cada mañana. Mi esperanza es en Jesús que Él ya sabe como me va a ir el día. Solamente Cristo me pueda llenar con paciencia y solo Él me pueda dar la fuerza para jugar y leerle al bebé.
He tratado de invulcrarme en actividades para evitar la soledad. Pero a lo largo, con todas las amistades, familia, actividades o tiempo sola, no puedo funcionar sin la fuerza de Cristo. Curiosamente, siempre trato de ser independiente de Él quien me hizo. Quizás esta es la costumbre del pecado que vive en nosotras. ¿Ha dónde va usted cuando ya no puede más? ¿Quién es su refugio? ¿A dónde ponga su esperanza? Ojalá que Jesús Cristo sea su respuesta, sea que no ha llegado a disfrutar una relación con este Cristo o quizá sea que su espíritu no quiera regresar y confesar lo que le duele.
Encontrado que a Dios le importa los problemas que nos afligen en esta época de ser madres de niños pequeños. El conoce nuestras luchas, lo que nos preocupan, y el deseo que tenemos para ser mejor madres, esposas, y hijas de Dios. Las animo que disfruten un tiempo hablándole a Dios, sea cuando lava los platos, manejando, haciendo ejercicio, o simplemente cuando le mira en los ojitos de su bebé. |